El tiempo me pasa volando mirando mapas con fronteras que dividen pueblos con kas en partes del mundo que no conozco y a lo mejor nunca conoceré porque precisamente no hay tiempo para todo excepto para repetir el nombre del pueblo ante un micrófono que antes ha amplificado nombres de políticos, miserables, genios, aburridos, escritores, cantantes, filósofos, ideólogos o asesinos.
El nombre del pueblo donde han muerto al menos treinta, o doce, o cuarenta sale de mi boca y golpea una membrana sujeta en acero inoxidable que unos cables interpretan en hostias sonoras hacia una mesa que a su vez se las manda a un emisor conectado a unas antenas monstruosas que finalmente envían el paquete para que rebote en la atmósfera desde una tierra de conejos.
Si el nombre del pueblo llega al pueblo ya no es problema mío. Lo más probable es que nadie, en ese momento, tenga un receptor de onda corta. Y si lo tiene lo que estará haciendo es contar los restos de lo que ha quedado de su vida. O la de los al menos doce muertos.
El mensaje no está indicado para los que ya saben lo que ha pasado. Se trata de llevárselo a otros que están en otro lado. Lo que no quita para que a uno le entren ganas de ver si Rawalpindi existe de verdad o es sólo un nombre en un mapa con muchas kas.
El nombre del pueblo donde han muerto al menos treinta, o doce, o cuarenta sale de mi boca y golpea una membrana sujeta en acero inoxidable que unos cables interpretan en hostias sonoras hacia una mesa que a su vez se las manda a un emisor conectado a unas antenas monstruosas que finalmente envían el paquete para que rebote en la atmósfera desde una tierra de conejos.
Si el nombre del pueblo llega al pueblo ya no es problema mío. Lo más probable es que nadie, en ese momento, tenga un receptor de onda corta. Y si lo tiene lo que estará haciendo es contar los restos de lo que ha quedado de su vida. O la de los al menos doce muertos.
El mensaje no está indicado para los que ya saben lo que ha pasado. Se trata de llevárselo a otros que están en otro lado. Lo que no quita para que a uno le entren ganas de ver si Rawalpindi existe de verdad o es sólo un nombre en un mapa con muchas kas.

